sábado, 27 de junio de 2009
viernes, 26 de junio de 2009
Para las familias:
En la escuela, a veces, nos encontramos con el problema de que los niños y las niñas no establecen relaciones entre lo que se les enseña dentro de ella y lo que ven a diario fuera de ella (en casa, en la calle, en la televisión, en la naturaleza, en Internet, etc.). Por este motivo les presentamos la HISTORIA (una especie de cuento), porque gracias a él, a lo largo del curso estableceremos conexiones entre lo que les sucede a los niños de la historia y sus propias vivencias, tanto dentro, como fuera del aula.
El objetivo es acercar al alumnado hacia un trabajo cooperativo, en donde el alumno aprenda a aprender y sea cada vez más autónomo, para poder desenvolverse en la vida diaria por sí solo.
En el MURAL, hemos puesto como ejemplo a las células de los seres humanos. Por sí solas, no serían gran cosa, pero gracias a que están interrelacionadas entre sí, dan lugar a algo tan complejo como somos los hombres y mujeres, los niños y las niñas.
Los nombres de las Unidades Didácticas los obtendremos de la historia para el alumnado, a través de las vivencias de los niños y niñas de la historia. De esta manera, cada célula (Unidad Didáctica), tendrá sentido por sí sola, pero será de forma conjunta cuando adquieran un verdadero significado.
En la sociedad actual, todo está interrelacionado y, cada vez más, gracias a los avances tecnológicos nada queda fuera del alcance de sus hijos. Lo que ocurre es que ellos deben saber manejar tal cantidad de información, porque en ocasiones no todo a lo que tienen acceso es beneficioso y, por este motivo, llegamos nuevamente al punto de partida: el niño debe aprender a aprender y tener progresivamente más autonomía, para que así de esta forma, sepa abordar la mayor cantidad de situaciones difíciles a lo largo de su vida, con el mayor acierto posible.
Tres Principios: Diversidad, Cooperación y Sostenibilidad.
En la escuela, a veces, nos encontramos con el problema de que los niños y las niñas no establecen relaciones entre lo que se les enseña dentro de ella y lo que ven a diario fuera de ella (en casa, en la calle, en la televisión, en la naturaleza, en Internet, etc.). Por este motivo les presentamos la HISTORIA (una especie de cuento), porque gracias a él, a lo largo del curso estableceremos conexiones entre lo que les sucede a los niños de la historia y sus propias vivencias, tanto dentro, como fuera del aula.
El objetivo es acercar al alumnado hacia un trabajo cooperativo, en donde el alumno aprenda a aprender y sea cada vez más autónomo, para poder desenvolverse en la vida diaria por sí solo.
En el MURAL, hemos puesto como ejemplo a las células de los seres humanos. Por sí solas, no serían gran cosa, pero gracias a que están interrelacionadas entre sí, dan lugar a algo tan complejo como somos los hombres y mujeres, los niños y las niñas.
Los nombres de las Unidades Didácticas los obtendremos de la historia para el alumnado, a través de las vivencias de los niños y niñas de la historia. De esta manera, cada célula (Unidad Didáctica), tendrá sentido por sí sola, pero será de forma conjunta cuando adquieran un verdadero significado.
En la sociedad actual, todo está interrelacionado y, cada vez más, gracias a los avances tecnológicos nada queda fuera del alcance de sus hijos. Lo que ocurre es que ellos deben saber manejar tal cantidad de información, porque en ocasiones no todo a lo que tienen acceso es beneficioso y, por este motivo, llegamos nuevamente al punto de partida: el niño debe aprender a aprender y tener progresivamente más autonomía, para que así de esta forma, sepa abordar la mayor cantidad de situaciones difíciles a lo largo de su vida, con el mayor acierto posible.
Tres Principios: Diversidad, Cooperación y Sostenibilidad.
HISTORIA para el alumnado
“MIS NUEVOS COMPAÑEROS”
Un nuevo niño llegó a la clase de 6º, procedente de Venezuela. Su nombre era Ernesto y tenía 12 años. Ernesto no tenía papá, ya que falleció en su país hacía 3 años. Su mamá decidió entonces venir hasta España para encontrar una vida mejor y Ernesto se quedó con sus abuelos en Venezuela. Cuando su madre ahorro un dinero, decidió que su hijo viajara hasta nuestro país.
Aquí comenzó una nueva vida, plagada de cambios: el clima, los amigos, las normas, las personas, su casa, la escuela,… El resto de compañeros llevaban varios años juntos, todos se conocían y se llevaban muy bien, aunque también tenía sus problemas fuera del colegio, al igual que Ernesto.
El primer día, la directora llamó a la puerta y nos presentó al nuevo niño. Se le veía asustado y, todos le miraban fijamente, deseosos de conocerle. Ernesto apenas habló con nadie el primer día. Al salir de clase por la tarde, su mamá le fue a buscar y le llevó para merendar algo típico de su país. El resto de niños merendaban sus bocadillos, cañas de chocolate, fruta, etc., dependiendo lo que sus familias les hubieran metido en la mochila. Muchos llevaban la merienda en papel de aluminio, pero la mamá Ernesto lo llevaba en una bolsa de papel.
Al día siguiente, Pedro y Vanesa, aparecieron en clase con una psp y, su maestro les riñó, diciéndoles que no se debe llevar al colegio. Ernesto, en cambio, llevó un muñeco que le había regalado su papá hacía 4 años.
La primera clase de educación física, todos los niños llevaban chándal, pero el nuevo niño fue con pantalones vaqueros. La maestra le dijo que no importaba, porque era nuevo, pero que tenía que traerlo para la siguiente clase.
Llegó la hora del comedor y de postre, por ser el primer día, les dieron un sobao pasiego. Todos los niños y niñas se pusieron contentos, pero Ernesto al probarlo extraño el sabor y no lo comió.
Llegó el fin de semana y el niño de nuestra historia fue con su mamá a dar una vuelta por la ciudad. El lunes, Felipe y Jhoana estuvieron hablando sobre la misa del domingo. Ernesto les preguntó dónde habían ido, porque aunque vivían cerca, el no les vio en misa. Entonces descubrió que sus dos compañeros no eran católicos como él, ya que eran evangelistas. Le pareció raro, porque sus amigos de Venezuela eran todos de la misma religión.
El curso fue avanzando y en uno de los recreos, Ernesto decidió jugar al fútbol en el patio, junto con Pedro y Juan. Vanesa le dijo que si quería jugar con ella, pero el niño se rió, diciéndola que las niñas no juegan al fútbol en su país. A final, decidieron jugar todos juntos, pues el resto de compañeros dijeron que Vanesa podía jugar. Hicieron dos equipos y se lo pasaron muy bien, salvo un rato en el que Juan Alfredo se enfadó en el partido, porque le llamaron “chupón”.
En clase de conocimiento del medio, el maestro habló a los niños sobre el tejo, un árbol típico de Cantabria y les dijo que hablarían más en detalle cuando fueran a Soba la semana siguiente.
El curso fue avanzando y la extrañeza del colegio, los compañeros, el clima, fue haciéndose menor.
Ernesto estaba ansioso porque llegara el momento de ir a la escuela hogar de Soba, junto con sus compañeros, porque allí tendrían un montón de aventuras y podrían conocerse mejor. Llegó el día, y al llegar al albergue, tuvieron que hacer las camas por parejas y colocar la ropa de las maletas en los armarios. Un rato después, visitaron la cascada del río Asón. Además, la guía les explicó la leyenda de las anjanas que habitaban la zona y todos se quedaron muy intrigados con la misma.
Muchas más peripecias les fueron ocurriendo en el viaje y… de pronto, el niño se encontró con que llegó junio y era uno más en la clase. Con un poco de esfuerzo y la ayuda de sus compañeros y compañeras, ya había pasado lo peor. Su nueva ciudad y su nuevo país, ya no eran tan difíciles como meses atrás.
Un nuevo niño llegó a la clase de 6º, procedente de Venezuela. Su nombre era Ernesto y tenía 12 años. Ernesto no tenía papá, ya que falleció en su país hacía 3 años. Su mamá decidió entonces venir hasta España para encontrar una vida mejor y Ernesto se quedó con sus abuelos en Venezuela. Cuando su madre ahorro un dinero, decidió que su hijo viajara hasta nuestro país.
Aquí comenzó una nueva vida, plagada de cambios: el clima, los amigos, las normas, las personas, su casa, la escuela,… El resto de compañeros llevaban varios años juntos, todos se conocían y se llevaban muy bien, aunque también tenía sus problemas fuera del colegio, al igual que Ernesto.
El primer día, la directora llamó a la puerta y nos presentó al nuevo niño. Se le veía asustado y, todos le miraban fijamente, deseosos de conocerle. Ernesto apenas habló con nadie el primer día. Al salir de clase por la tarde, su mamá le fue a buscar y le llevó para merendar algo típico de su país. El resto de niños merendaban sus bocadillos, cañas de chocolate, fruta, etc., dependiendo lo que sus familias les hubieran metido en la mochila. Muchos llevaban la merienda en papel de aluminio, pero la mamá Ernesto lo llevaba en una bolsa de papel.
Al día siguiente, Pedro y Vanesa, aparecieron en clase con una psp y, su maestro les riñó, diciéndoles que no se debe llevar al colegio. Ernesto, en cambio, llevó un muñeco que le había regalado su papá hacía 4 años.
La primera clase de educación física, todos los niños llevaban chándal, pero el nuevo niño fue con pantalones vaqueros. La maestra le dijo que no importaba, porque era nuevo, pero que tenía que traerlo para la siguiente clase.
Llegó la hora del comedor y de postre, por ser el primer día, les dieron un sobao pasiego. Todos los niños y niñas se pusieron contentos, pero Ernesto al probarlo extraño el sabor y no lo comió.
Llegó el fin de semana y el niño de nuestra historia fue con su mamá a dar una vuelta por la ciudad. El lunes, Felipe y Jhoana estuvieron hablando sobre la misa del domingo. Ernesto les preguntó dónde habían ido, porque aunque vivían cerca, el no les vio en misa. Entonces descubrió que sus dos compañeros no eran católicos como él, ya que eran evangelistas. Le pareció raro, porque sus amigos de Venezuela eran todos de la misma religión.
El curso fue avanzando y en uno de los recreos, Ernesto decidió jugar al fútbol en el patio, junto con Pedro y Juan. Vanesa le dijo que si quería jugar con ella, pero el niño se rió, diciéndola que las niñas no juegan al fútbol en su país. A final, decidieron jugar todos juntos, pues el resto de compañeros dijeron que Vanesa podía jugar. Hicieron dos equipos y se lo pasaron muy bien, salvo un rato en el que Juan Alfredo se enfadó en el partido, porque le llamaron “chupón”.
En clase de conocimiento del medio, el maestro habló a los niños sobre el tejo, un árbol típico de Cantabria y les dijo que hablarían más en detalle cuando fueran a Soba la semana siguiente.
El curso fue avanzando y la extrañeza del colegio, los compañeros, el clima, fue haciéndose menor.
Ernesto estaba ansioso porque llegara el momento de ir a la escuela hogar de Soba, junto con sus compañeros, porque allí tendrían un montón de aventuras y podrían conocerse mejor. Llegó el día, y al llegar al albergue, tuvieron que hacer las camas por parejas y colocar la ropa de las maletas en los armarios. Un rato después, visitaron la cascada del río Asón. Además, la guía les explicó la leyenda de las anjanas que habitaban la zona y todos se quedaron muy intrigados con la misma.
Muchas más peripecias les fueron ocurriendo en el viaje y… de pronto, el niño se encontró con que llegó junio y era uno más en la clase. Con un poco de esfuerzo y la ayuda de sus compañeros y compañeras, ya había pasado lo peor. Su nueva ciudad y su nuevo país, ya no eran tan difíciles como meses atrás.
sábado, 21 de marzo de 2009
Soba
Nuestro Blog
Hoy, 21 de marzo de 2009, hemos creado nuestro Blog para 6º de Primaria.
Gracias a esta herramienta, podremos compartir información con nuestros compañeros y compañeras, con los profes y con las familias.
En breve, empezaremos a colgar información entre todos, ¡ESTAD ATENTOS/AS!
Gracias a esta herramienta, podremos compartir información con nuestros compañeros y compañeras, con los profes y con las familias.
En breve, empezaremos a colgar información entre todos, ¡ESTAD ATENTOS/AS!
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